Hace diez o quince años, si alguien me hubiera preguntado por qué
me hice traductor, habría afirmado sin dudarlo que la casualidad me había
llevado por este camino. Hoy estoy convencido de que la respuesta no es tan
simple, ni ayuda a quien me lo pregunta porque le interesa seguir esta
profesión.
No hubo un motivo único sino una conjunción de factores y
circunstancias que fueron confluyendo desde mi infancia hasta el momento en que
decidí ser traductor profesional.
Sin saberlo entonces, las primeras semillas de mi vocación
traductoril se plantaron en el momento mismo en que mi madre me enseñó a leer a
los 5 años, antes de ingresar en la escuela primaria. Yo tenía que pasar muchas
horas solo y saber leer me dio la posibilidad de entretenerme leyendo
historietas y libros infantiles. Me convertí entonces en lector asiduo y sigo
siéndolo. Dicho de otra manera, la letra
impresa se me volvió muy familiar y fue el instrumento que me ayudó a ir
entendiendo el mundo.
Esa aptitud me sirvió mucho antes de la enseñanza formal, pero
cuando esta comenzó tuve un tropiezo que podría haberme orillado a tomar otro
camino.
(Continuará.)
No comments:
Post a Comment